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De Quimeras y Ensoñaciones

Escapada de un escaparate

Escapada de un escaparate Molinos de tela hacían girar las aspas al ritmo caribeño de la salsa bamboleando la música con los pies provistos de alpargatas. El ventilador giraba tenaz e incesante sobre el techo, hecho lámpara, hecho molino en movimiento y una brisa fresca de mar se deslizó dentro de la tienda. Vestía de negro, de bohemia, una falda larga y amplia y una camisa ancha y desordenada, y sobre su hombro un bolso, lleno de sol, una solemne soledad que apaciguaban sus paseos y sus paradas frente a escaparates de todo tipo de estilo, le gustaban los de las tiendas de arte, los cuadros de las tiendas de fotografía, las joyerías que exponían figuras de cristal, las pajarerías, los pets shop, las tiendas de disfraces, las maquetas de luz y agua, las tiendas de recuerdos para turistas, las pastelerías, la tienda de chimeneas, la de golosinas, mirar el cristal y ver volar en su reflejo cigüeñas y golondrinas y a veces, notar que alguien se detenía a su lado, contemplando absorto el interior de aquel mundo que se abría tras el escaparate y en esos instantes, soñar por un momento que alargaba su mano, se decían dos palabras, y rompiendo su solemne soledad atravesaban la puerta del local, juntos, a participar del juego y no ser tan sólo una espectadora de escaparates. Invariablemente, aquel ser real que se detenía a su lado, lo hacía siempre fuera de su universo y terminaba por seguir su rumbo, sin mediar palabras, sin participar en su juego. Invariablemente.
La tienda de peluches siempre le había atraído, se detenía a contemplar esos seres que parecían tan frágiles y tiernos, tan huérfanos, tan delicados, tan ella misma, allá dentro, de todos los colores, formas y tamaños, tan suaves por fuera, blandos, que le daban ganas de cogerlos y abrazarlos a todos, estrujarlos contra su cuerpo, rozar su cara, sentir el tacto sedoso de aquellas figuras de peluche sobre su piel y … ¡ Un conejo le había guiñado un ojo! , tenía orejas largas y una sonrisa digna de un forajido de leyenda. Seguro que fue el reflejo del sol al incidir sobre su bolso.
Entró en la tienda. El molino de tela giraba sus aspas. Se respiraba paz y calma. Silencio. Los peluches no hablaban. La suavidad se había instalado en aquella casa. Le pareció profanar la intimidad de aquellos juguetes, la solemne soledad que los peluches gozaban tras el cristal, pero era una profanación que la hacía sentirse bien y feliz, era como fundir dos soledades en un abrazo, la de aquel conejo de largas orejas, que ahora estrujaba entre sus brazos, y la suya propia, tan íntima y personal.
Le gustaban todos, ahora que estaba dentro y los contemplaba de cerca, le hubiese gustado llevarse a casa todos los muñecos de peluche de la tienda, ó mejor, tumbarse entre ellos y quedarse allá, como una figura más del estante, para retozar, voltearlos en el aire, darles besos en los ojos azabache, en los hocicos color endrino, en sus cuerpecillos de duende, y perpetuarse en un sueño, en un duermevela nunca interrumpido mas que por el susurro de cientos de peluches hablandose muy bajito en la noche, los unos a los otros, la rana verde al oso gigante, el perro chico al pulpo bizco, el mono al tigre manchado, la bella princesa a la bestia grotesca, el lagarto ocelado al gato sin botas, y sin embargo, guardaban silencio, y le hubiese gustado quedarse a su lado, aunque no hablasen, aunque no le guiñasen los ojos, pero con ellos, y sin embargo debía elegir, y eligió un conejo y un lindo perrito que tumbado panza arriba descansaba al lado de una madre de peluche, que sin ella darse cuenta, dejaba escapar un grito al ver como se lo arrebataban de su lado. La solemne soledad cambió de bando.
Es hora ya de cerrar, de echar los cierres metálicos, de iluminar la tienda para que sirva de reclamo al paseante nocturno, de volver a casa, de colocar a los pies de la cama dos peluches de farándula y fandango, de adormecerse en la noche sobre las sábanas y dotar a la madrugada de su propia magia, la compañía de una habitación que va perdiendo las formas, licuándose en sueños venideros, en los cuales los peluches se te abrazan y te dan besos, te achuchan, te lamen, comparten sus ratos buenos, sus ratos tiernos, sus juegos.
Cuando despertó, el perrillo de peluche no estaba a los pies de la cama, en la noche, una madre de fábula lo raptó y huyó con él por la ventana. Se quedó mirando, tendida sobre la cama, su conejo de peluche de largas orejas, durante un largo rato, pero el teatro se quedó vacío, sin un solo guiño, sin un solo gesto de afecto.
La solemne soledad volvió a cambiar de cama.
Abrió las ventanas al frescor de la realidad de la mañana y pensó en visitar de nuevo la tienda de peluches para darle los buenos días a .. ¿quién sabe? , quizá algún varonil bohemio que se parase ante el escaparate.

1 comentario

maria -

tres patos, un teddy, un oso soldadito, y un olor a vainilla..............una marionetta griega, unas pajaritas de papel.......